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Fantasía y acto criminal

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Escribir un texto acerca de estos temas es de pensar, más cuando se trata del ser humano que forma parte de un entramado social muy complejo pero no impide escribir algunas parcialidades y compartir algo al respecto.

En la anterior entrega se habló de manera general sobre la Psicología Criminológica y algunos factores que predisponen para llevar a cabo una conducta que a veces sanciona la ley; escribo a veces”, porque la realidad es que hay muchos casos donde políticos, población en general y/o profesionistas transgreden la ley y nunca llegan las consecuencias para ellos. Corrupción, impunidad… Con estas problemáticas y en unas líneas exploradoras del psiquismo como la psicología criminológica, el psicoanálisis y la psicopatología forense vayamos más allá del complejo de conductas y cogniciones que pueden gestarse, por ejemplo; en los asesinos. Me refiero a una parte que es constituyente del crimen o delito y que no se encuentra explícitamente ni tampoco “científicamente” en su propio concepto -vaya, no creo que algún día esté formalmente : la fantasía.



Primero, legalmente, crimen o delito se definen como acción u omisión de actuar en contra de la ley que así lo prohíbe o lo ordena, y para lo cual existe un rango de posibles sanciones tras la sentencia condenatoria (Bartol & Bartol, 2017). Esto ya nos indica, desde luego, un marco normativo que pretende controlar las conductas de los sujetos, conductas que son señaladas y tendrán consecuencias si llevan a cabo una transgresión. No es extraordinario que se escuchen estos temas casi todos los días, en ocasiones, se puede ver de cerca cuando uno es víctima o le sucede a algún conocido-familiar. En los medios de comunicación, por parte de los trabajadores de los centros de reinserción social o centros federales de reinserción social, etc. Entre la sociedad es común que se hable de sujetos violentos, drogados o “locos” cuando cometen algún acto delincuencial o lacerante. Vamos adentrándonos…

La palabra Fantasía, en una de sus acepciones de la Real Academia Española (2019), menciona que es la facultad  que tiene el ánimo de reproducir por medio de imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar los ideales en forma sensible o de idealizar las reales.

Por un lado, viendo desde las corrientes cognitivas y neurociencias, es importante recalcar que, en muchos de los ejecutantes o transgresores se suponen rasgos de personalidad bien acentuados y definidos en relación con la conducta violenta y/o la predisposición al consumo de sustancias, por otro, nos dicen algunos textos de Psicopatología Forense, que muchos de los ejecutantes no cumplen como tal un trastorno de personalidad o mental en el sentido estricto y profesional de un psicodiagnóstico bien realizado, por ejemplo; como el trastorno de personalidad antisocial (TPA). Entonces, en último caso, predominan más los rasgos y no un trastorno mental bien definido (esto desde la psicopatología forense). De hecho, estos sujetos pueden ser lo más “parecido” a quien se tildaría de “normal” e “integrado” a la sociedad. Ejemplo de esto, puede ser un padre o madre de familia amorosos, una pareja sentimental que por un tiempo se “lleva bien” o se percibe como “una pareja ideal”, un abuelo, tíos o primos que percibidos como “tranquilos”, “buena gente”, “trabajadores” o amorosos…y en cualquier momento llegan a causar furor social y sorpresa, ya que, después terminan privados de su libertad tras cometer un asesinato, violación, etc.



Entonces, llega a surgir un punto de confluencia donde la misma Psicología criminológica, el Psicoanálisis y la Psicopatología forense se siguen cuestionando ¿qué motivó al sujeto a cometer dicho acto si era una persona integrada socialmente y sin antecedentes penales? ¿qué causó que el padre de familia trabajador y responsable llegue a abusar sexualmente de su hija? ¿por qué determinada figura parental asesinó a sus hijos y después se quita la vida? O … ¿cómo es posible que una niña se convierta en asesina?

De eso tratará la segunda parte de este título. Mary Bell,una niña inglesa que quitó la vida a otros niños.

Una posible articulación, en modo de hipótesis, de cómo llego a cometer sus delitos… fantasías llevadas al acto.


Oscar Omar Lezama Palestina

Oscar Omar Lezama Palestina

Mexicano, radica en la ciudad de Puebla. Es licenciado en Psicología, diplomado en Perfilación Criminal y tiene formación en Psicoanálisis y Cultura por maestría. Además de carrera técnica en programación de sistemas informáticos. Su práctica clínica la inició en los ámbitos: hospitalario y escolar. Actualmente es catedrático universitario, ejerce su práctica privada en consultorio (presencial o a distancia), es escritor de artículos y coautor en el libro Tejidos, Texturas y Tesituras. Arte y Psicoanálisis.


Para contactar conmigo:
psic.lezamap@hotmail.com
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